WatchHouse, o caseta de vigilancia, es el nombre de una compañía de cafeterías londinense que aterrizó en Nueva York hace menos de dos años y que hoy ofrece un remanso de calma en pleno Midtown de Manhattan.
El estilo de sus locales es minimalista; el café y la repostería, exquisitos. Una oda para quienes disfrutan de una bebida caliente tomada sin prisas, una experiencia que, en apariencia, poco tiene que ver con sus orígenes. Aunque, quizá, sí.

De una iglesia londinense al otro lado del Atlántico
Actualmente existen dos WatchHouse-Modern Coffee en Nueva York: uno situado en el emblemático Edificio Chrysler, en el 405 de la Avenida Lexington, y otro en el número 660 de la Quinta Avenida de Manhattan.
La historia de la marca comenzó en Londres, en un pequeño refugio construido originalmente para los vigilantes del cementerio de la iglesia de Santa María Magdalena. Fue allí, en la calle Bermondsey, donde abrieron su primera cafetería en 2014. En apenas una década, WatchHouse ha logrado consolidar una comunidad fiel y expandirse al mercado internacional, con su llegada a la Gran Manzana como uno de sus hitos más recientes.

Su esencia permanece intacta: espacios contemporáneos, bebidas de alta calidad, dulces de diseño delicado y baristas uniformados y atentos, todo pensado para desconectar del ruido exterior y disfrutar del ritual del café con calma.