El local parece más una tienda de tecnología que una pastelería: futurista, minimalista y preciso. Allí, los reposteros elaboran con meticulosidad coloridos dulces que se exhiben sobre un mostrador de piedra, como si fueran joyas.
El nombre del lugar deja una pista ambigua: “I’m donut?” (¿Soy un donut?), con interrogación, invitando a cuestionar la respuesta. En pleno Times Square (calle 45 con la Séptima Avenida), los productos de I’m donut?, tanto dulces como salados, conservan la esencia del donut pero incorporan ingredientes que los alejan kilómetros de la versión tradicional.

La tienda tiene origen japonés, donde su creador, Ryouta Hirako, popularizó la idea. En Nueva York se venden sabores como crema de banana con chocolate, fresa con chocolate o matcha, pero también algunas opciones saladas, más comunes en Japón que en Estados Unidos, que sorprenden y revelan su procedencia: donuts de huevos revueltos, salchicha o queso con anchoa.

¿Son, entonces, donuts? Respondamos de la forma más sencilla.
¿Qué es un donut?
Al pronunciar la palabra “donut”, todos imaginamos un producto con un sabor y, probablemente, una forma, reconocibles. Pero sus características han evolucionado con el tiempo. Desde China hasta África Oriental y Europa, la humanidad ha frito masas durante siglos. Los holandeses los llamaban olykoek o “buñuelos de aceite”, y los llevaron a Nueva Ámsterdam (hoy Nueva York) en la época colonial, aunque entonces aún no tenían la forma de anillo que hoy asociamos con ellos.
El nombre “dough-nut”, que significa algo así como “masa en forma de bola”, aparece en referencias estadounidenses desde principios del siglo XIX. Una de las menciones más antiguas se encuentra en Una historia de Nueva York (1809) de Washington Irving. La forma abreviada “donut” se popularizó en la década de 1920, simplificando la pronunciación y consolidándose como la versión estadounidense del término.
¿Y la forma de anillo?
El icónico agujero del donut llegó después, asociado a Hansen Gregory, un joven marinero de Rockport, Maine. En 1847, mientras freía donuts, notó que el centro quedaba poco hecho y decidió hacerles un agujero. Pidió a un hojalatero que fabricara un cortador especial y pronto la forma se popularizó. Hoy, en Rockport, una placa conmemora: “Este es el lugar de nacimiento del capitán Hansen Gregory, quien inventó el agujero del donut en 1847.”
¿Son, entonces, los dulces de I’m Donut “donuts”? La mejor forma de acertar es probarlos.