Jesse Jackson, líder por los derechos civiles y excandidato presidencial, muere a los 84 años

El reverendo Jesse Jackson y el alcalde de Washington D. C., Marion Barry, levantando las manos durante la inauguración de la primera convención nacional de la Coalición Arcoíris en 1986. Shutterstock.

El 4 de noviembre de 2008, en el momento en que se conoció la victoria electoral de Barack Obama, el reverendo Jesse Jackson se encontraba allí, en el acto celebrado en Grant Park, en Chicago, la ciudad donde se había convertido en un influyente líder político, presenciando aquel hito histórico con lágrimas en los ojos. Él había sido el primer candidato afroamericano de un gran partido tras solo Shirley Chisholm, y sus campañas de 1984 y 1988 habían sido las que más cerca llevaron a un hombre negro a la Casa Blanca. Aquel sueño, aquella osadía, aquel derecho, esa noche se había materializado.

“Pensaba en mi padre y en mi madre…”, declaró a la cadena NBC aquella noche electoral. “En mi abuela, que no sabía ni leer ni escribir y tenía que poner una X, y pensaba en las madres que no pudieron estar aquí: madres de jóvenes negros que fueron asesinados, tan inocentes, tan jóvenes. Pensaba en los que pagaron el precio”.

Hoy, martes 17 de febrero de 2026, Jesse Jackson ha muerto a los 84 años. En 2017 anunció que padecía Parkinson y este pasado noviembre fue hospitalizado para recibir tratamiento por una enfermedad neurodegenerativa rara, según informó su organización, la Rainbow PUSH Coalition, a The New York Times. Su legado incluye una larga trayectoria en la lucha contra el racismo en Estados Unidos y en la política, contribuciones que han marcado la historia del país para siempre.

Del activismo de Martin Luther King a sus campañas presidenciales

Retrato de Jesse Jackson en 1983. Foto: Warren K. Leffler vía Wikimedia Commons.

Jesse Jackson nació en Greenville, Carolina del Sur, el 8 de octubre de 1941, hijo de Helen Burns, que tenía 16 años cuando lo dio a luz, y de Noah Louis Robinson, su vecino y con casi el doble de edad. Hasta la adolescencia vivió con su abuela materna. Su madre se casó con Charles Henry Jackson, y Jesse adoptó el apellido de su padrastro.

Su historia es también la historia de Estados Unidos en el siglo XX. Jesse Jackson creció en una sociedad racialmente segregada y se educó en centros exclusivamente para niños afroamericanos. Estudió en la Universidad Estatal Agrícola y Técnica de Carolina del Norte, una institución históricamente negra situada en Greensboro, donde conoció a su futura esposa, Jacqueline Lavinia Brown, con quien se casó en 1962, y donde se graduó en Sociología en 1964.

En 1965, con tan solo 24 años, participó en la marcha de Selma a Montgomery, donde conoció a Martin Luther King, una experiencia que cambió para siempre el rumbo de su vida.

Se trasladó a Chicago, la ciudad donde desarrollaría sus dotes de organización comunitaria y políticas a través de la iniciativa Operation Breadbasket de la SCLC, entidad de la que Martin Luther King había sido su primer presidente. En 1971 fundó su propia organización, Operation PUSH, con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de la población negra de Chicago.

Tras trabajar en la exitosa campaña a la alcaldía de Chicago del candidato afroamericano Harold Washington en 1983, y con una amplia experiencia en el activismo, lanzó su propia candidatura a las primarias presidenciales del partido Demócrata.

Con la victoria de Washington y el descontento existente por el racismo y las altas tasas de desempleo de la época, varios líderes afroamericanos estudiaron cómo utilizar sus fuerzas de forma más eficaz en aquellas elecciones presidenciales. Celebraron diversas reuniones en las que se barajaron nombres de figuras influyentes como el activista Walter Fauntroy, el alcalde de Los Ángeles Tom Bradley, el congresista Louis Stokes, el alcalde de Atlanta Andrew Young y el propio Jesse Jackson. No se llegó a un acuerdo para apoyar a un aspirante concreto, pero Jackson decidió dar el paso y anunció en 1983 la creación de un comité exploratorio que más tarde se transformó en una campaña electoral.

La campaña presidencial de Jesse Jackson en 1984 obtuvo apoyos mayores de los esperados. Aunque no logró la nominación demócrata, que recayó en Walter Mondale, alcanzó el 18 % del voto popular, lo que le dio el impulso necesario para presentarse de nuevo en 1988.

En esa segunda campaña, aprendidas las lecciones de 1984, construyó una estructura más organizada, con mayor capacidad de recaudación de fondos, moderó su discurso y logró atraer apoyos tanto del electorado afroamericano como del blanco.

Tras competir en Iowa, centró sus esfuerzos en el Supermartes, donde concurrían varios estados del sur con un elevado porcentaje de votantes afroamericanos, y obtuvo resultados positivos. La sorpresa llegó en el estado industrial de Michigan, donde logró la victoria. A partir de ese momento, su campaña, hasta entonces considerada simbólica, comenzó a verse como una opción viable. La carrera terminó con un enfrentamiento entre Michael Dukakis, Al Gore y Jesse Jackson, con Dukakis como favorito, quien finalmente obtuvo la nominación.

Jesse Jackson no ganó, pero consiguió el 29 % del voto popular en 1988, el mayor porcentaje alcanzado por un candidato negro hasta la victoria de Barack Obama.

Tras sus campañas presidenciales, Jackson valoró presentarse a otros cargos públicos, incluida una nueva candidatura presidencial, aunque finalmente no lo hizo. Continuó participando activamente en iniciativas por los derechos civiles, en la política nacional e internacional, y consolidando un nombre que hoy es símbolo de la lucha del pueblo negro en Estados Unidos.

Jesse Jackson y su esposa, Jacqueline Lavinia Brown, tuvieron cinco hijos; su organización de justicia social y derechos civiles, Rainbow PUSH Coalition, con sede en Chicago, cuenta hoy con oficinas regionales en una decena de ciudades; y su nombre forma ya parte de los libros de historia.

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