08/02/2026

El MET trae a Nueva York “Testigo de la humanidad”, la mayor exposición del pintor John Wilson

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Litografía “Escena de tranvía”, 1945, de John Wilson. MET. Cortesía del Patrimonio de John Wilson.

Sus retratos a carboncillo cautivan; sus escenas cotidianas provocan la reflexión. LA GACETA DE NUEVA YORK asistió a la mayor exposición dedicada al pintor y escultor John Wilson (1922-2015) jamás organizada por una institución. Presentada en el Museo Metropolitano de Arte (MET) bajo el título Witnessing Humanity (Testigo de la humanidad), reúne un centenar de obras que abarcan seis décadas de trayectoria.

La fructífera carrera de John Wilson transcurrió en paralelo a los profundos cambios de la sociedad estadounidense, y el artista afroamericano de Boston los reflejó desde su mirada, señalando el racismo reinante y exaltando la belleza de la comunidad negra. Con su obra, perseguía dos objetivos fundamentales: denunciar las injusticias y ofrecer representaciones positivas de la comunidad afroamericana, imágenes que él mismo echaba en falta en los periódicos que leía su padre.

Sección de la exposición “Testigo de la humanidad” de John Wilson en el MET en la que se muestra una serie de obras dedicadas a la paternidad. MET/Cortesía del Patrimonio de John Wilson.


Al recorrer la exposición del MET, se observan escenas cotidianas cargada de intención política, como el retrato íntimo de su hermano en “Brother” (Hermano), o figuras anónimas que representan a toda una generación, como “Black Soldier” (Soldado negro), testimonio de los hombres que marcharon a la guerra para defender ideales que les eran negados en su propio país.

En “Breadwinner” (El proveedor), Wilson retrata una experiencia cercana: los períodos de desempleo de su padre, causados tanto por las turbulencias económicas de la época como por los prejuicios raciales en la contratación.

La paternidad, un tema olvidado en el arte

Durante esos tiempos sin trabajo, el padre de Wilson asumía las tareas de crianza mientras su madre trabajaba como empleada doméstica. Quizás por esa vivencia, Wilson dedicó varias obras a la paternidad, capturando una
belleza rara vez explorada en la historia del arte. Mientras la maternidad ha sido un tema recurrente, desde el arte religioso hasta el secular, la figura del padre, en particular del padre afroamericano, frecuentemente se ha ignorado.

Óleo “Mi Hermano”,1942, de John Wilson. Smith College Museum of Art. Cortesía del Patrimonio de John Wilson.

John Wilson nació en Roxbury, Massachusetts, en 1922, un vecindario que se consolidaría como núcleo de la cultura afroamericana de Boston, tras décadas de acoger a familias negras que huían de la segregación del sur o emigraban desde el Caribe en busca de oportunidades; emigrantes como sus propios padres, originarios de Guyana que comenzaron una nueva vida en Boston.

“Eternal Presence” en el Met. Cortesía de MET/Patrimonio de John Wilson.

Wilson se acercó al arte a través de clases extraescolares y, en 1939, ingresó en la prestigiosa School of the Museum of Fine Arts, un logro inusual para un estudiante negro de su época, posible gracias al respaldo de sus
profesores, quienes habían sido testigos de su extraordinario talento.

Además de en Estados Unidos, vivió en París y México, donde se inspiró en el muralismo de José Clemente Orozco y Diego Rivera. Su experiencia en el país azteca también se percibe en obras como su busto de Martin Luther King, “Eternal Presence” (Presencia eterna), cuya fuerza recuerda a las cabezas colosales olmecas. John Wilson fue testigo de la humanidad de quienes lo rodeaban, de aquellos a quienes muchos preferían ignorar. En el MET se comprueba que cumplió con el propósito que se marcó.

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