El Nueva York de 1973 era, en muchos aspectos, un mundo distinto. El alcalde John Lindsay apuraba los últimos meses de su mandato, comenzaban a aparecer las señales de la crisis fiscal que estallaría en 1975 y la delincuencia formaba parte del paisaje cotidiano.

Como casi todo en Nueva York, la ciudad estaba marcada por profundos contrastes. Era una época de efervescencia cultural, de grafitis en los vagones del metro, de grandes negocios financieros y de sueños, donde Las Torres Gemelas acababan de inaugurarse, la congresista neoyorquina Shirley Chisholm había hecho historia con su candidatura presidencial y el hip hop daba sus primeros pasos.

Aquel año quedaría grabado en la historia del baloncesto. Los New York Knicks, campeones de la Conferencia Este, alcanzaron las Finales de la NBA para enfrentarse a sus grandes rivales de la costa opuesta, Los Angeles Lakers.
Los angelinos se llevaron el primer partido de la serie, pero los Knicks los frenaron en seco. El equipo neoyorquino ganó los cuatro encuentros siguientes gracias a un quinteto legendario formado por Walt Frazier, Earl Monroe, Willis Reed, Bill Bradley y un joven Phil Jackson, bajo la dirección del entrenador Red Holzman.
El 10 de mayo de 1973, tras imponerse por 102-93 en Inglewood, California, los Knicks conquistaron el campeonato de la NBA, y Nueva York celebró el título con una ceremonia en la plaza del Ayuntamiento, donde miles de aficionados homenajearon a sus campeones.

Aquella ciudad no volvería a celebrar un título de la NBA durante más de medio siglo. Tendrían que pasar 53 años para que, en 2026, los Knicks recuperaran la gloria. Liderados por su capitán, Jalen Brunson, acompañados por Karl-Anthony Towns, Mikal Bridges, OG Anunoby y Josh Hart, y dirigidos por el entrenador Mike Brown, los neoyorquinos han vuelto a proclamarse campeones en junio de 2026.
Esta vez, además de los actos institucionales, la ciudad ha preparado un multitudinario desfile por el Bajo Manhattan. Y aunque muchos de los problemas que definían el Nueva York de 1973 han quedado atrás, la ciudad conserva la esencia que la hacía única hace más de medio siglo.

Nueva York sigue siendo una ciudad de contrastes. Una urbe compleja y apasionante, donde personas llegadas de todos los rincones del mundo pasean llevando con orgullo camisetas de su equipo, los campeonatos de la NBA, los Knicks de Nueva York.