Muere Yayoi Kusama, la artista que convirtió sus alucinaciones en un infinito de lunares

Yayoi Kusama trabajando en su estudio de Tokio. Foto: Jeremy Sutton-Hibbert/Alamy Live News.

A los 97 años y después de construir una de las trayectorias más singulares del arte contemporáneo, la artista japonesa Yayoi Kusama ha muerto en Tokio. Falleció el 14 de agosto en un hospital de la capital japonesa, según anunció la Fundación Yayoi Kusama.

Durante más de siete décadas, Yayoi Kusama convirtió sus visiones y su particular percepción del mundo en un lenguaje artístico inconfundible: lunares, redes repetitivas y espacios que parecen prolongarse hasta el infinito.

Nacida en 1929 en Matsumoto, Japón, Kusama creció en una familia acomodada y conservadora. Desde niña experimentó alucinaciones que posteriormente trasladaría a sus pinturas. El arte fue su manera de enfrentarse a sus propios miedos y obsesiones.

Todavía adolescente, comenzó a mostrar su trabajo en Japón. En 1955, varias de sus obras fueron seleccionadas para una exposición en el Museo de Brooklyn, un acontecimiento que reforzó su deseo de trasladarse a Estados Unidos. Escribió a la artista Georgia O’Keeffe, quien la animó a continuar con su carrera artística. Dos años después, en 1957, Kusama llegó a Estados Unidos y, tras una breve estancia en Seattle, se instaló en Nueva York.

En Nueva York, Kusama entró en contacto con la efervescente escena artística de la época y comenzó a desarrollar las obras que marcarían su carrera. Sus pinturas basadas en la repetición obsesiva anticiparon algunas de las tendencias que dominarían el arte de las décadas siguientes. En los años sesenta presentó sus llamadas Accumulation Sculptures, esculturas cubiertas de formas repetitivas, y participó en la escena de vanguardia junto a artistas como Andy Warhol y Claes Oldenburg.

En aquellos años también protagonizó acciones públicas de carácter provocador, muchas de ellas vinculadas a la sexualidad, así como reivindicaciones contra la guerra de Vietnam.

En 1973, Kusama regresó a Japón con problemas de salud mental y, cuatro años después, ingresó en un hospital psiquiátrico de Tokio, donde residiría voluntariamente el resto de su vida, aunque continuaría trabajando en un estudio cercano.

Tras su marcha de Nueva York, la obra de Kusama cayó en el olvido hasta que fue redescubierta en la década de 1990. Entonces volvió a crear instalaciones como sus Infinity Mirror Rooms, habitaciones revestidas de espejos en las que las luces y los reflejos crean la sensación de encontrarse ante un espacio interminable.

En 2014, una de sus pinturas, realizada en 1960, alcanzó los 7,1 millones de dólares en una subasta de Christie’s, en la ciudad donde floreció su carrera artística, Nueva York. Por entonces, Kusama también había comenzado a cautivar a grandes marcas con sus característicos lunares y sus habitaciones infinitas. Entre ellas destaca su relación con Louis Vuitton, con quien colaboró durante años.

Tras conocerse su muerte, Louis Vuitton publicó en Instagram una serie de imágenes de la artista junto al siguiente mensaje: “En homenaje a la legendaria artista Yayoi Kusama, la Maison rememora sus colaboraciones e instalaciones Dots Infinity (2012) y Yayoi Kusama x Louis Vuitton: Creating Infinity (2023), destacando el lenguaje visual de sus característicos lunares y su profunda influencia en la cultura contemporánea.

La obra de quien un día fue una niña japonesa incomprendida que sufría visiones forma hoy parte de las colecciones de algunas de las instituciones artísticas más importantes del mundo, entre ellas el Museo de Arte Moderno (MoMA) y Museo Whitney de Arte Estadounidense de Nueva York.

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